La historia de Beba es parte de #HistoriasDeAbuelos, una nueva sección en La Pampa Noticias en la que contamos historias de vida centenarias, o casi, de abuelos del Hogar de Ancianos de Santa Rosa.
Nos proponemos valorar las historias de quienes lo habitan, rescatar sus experiencias, costumbres de otras épocas, descubrir sabiduría en cada una de sus palabras, y por qué no, alguna que otra receta para vivir más, y mejor. También es una campaña para sumar Amigos y Socios al Hogar.
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Se llama Nélida Beatriz Acharan de Kohler, pero en el Hogar donde vive desde algunos meses es Beba. Beba porque es una de las más jóvenes del lugar, con 81 años. Comparte habitación con su marido, son los únicos del hogar que comparten pieza, y están por festejar 62 años de matrimonio.
Nació en Bahía Blanca, en el año 1941, su abuela era partera del hospital municipal, pero tuvo la suerte de criarse en Río Colorado, un pueblo que no es “ni chico ni grande” según sus palabras, lo cual describe como una ventaja enorme ya que mantiene a todos unidos y en contacto. Pero al mismo tiempo tenía escuela primaria, secundaria, lugares culturales y todo lo necesario para vivir sin salir del lugar.
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En 1941 en nuestro país nacen Palito Ortega, Antonio Gasalla y Eduardo Duhalde. En el mundo se emitía el primer anuncio publicitario televisivo, se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial y el nazismo atacaba a la comunidad judía por todas partes.
Lo único que no tenía en su pueblo era universidad, por lo que Beba se mudó a Bahía Blanca a estudiar en el Colegio María Auxiliadora para ser Maestra Normal Nacional. No era pupila, sino estudiante externa, porque sus tíos vivían en la ciudad y se mudó con ellos hasta graduarse, al igual que su hermana menor.
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Ya trabajando como maestra, a los 18 años, conoció a su marido en un baile: “Yo estaba sentada con mi mamá mientras mi papá trabajaba dentro del mismo baile, controlando las entradas. Empezó a tocar la orquesta Godo y Los Winders, y Ernesto me sacó a bailar. Bailaba muy bien y era muy elegante, igual que la mamá, una alemana muy pulcra”.
Estuvieron dos años y medio de novios hasta que se casaron el 29 de abril de 1961.
“Nos fuimos de luna de miel al lugar donde los dos soñábamos con ir: las Cataratas del Iguazú. Después fuimos a Chaco, Corrientes y Entre Ríos y recorrimos todo el litoral en tren, lancha, colectivo, fue hermoso. Duró casi dos meses porque nos recibieron muchos parientes allá, tías y primas que nos alojaban y hacían de guías turísticas. Conocimos cosas que de otra manera nunca hubiéramos conocido, y tampoco pudimos volver después. No me lo olvidé nunca”.
Beba.
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Beba nunca dejó de vivir con su marido a partir desde que dieron el «Sí» en la capilla riocoloradense. Tuvieron dos hijos luego de unos años porque querían «disfrutar la etapa de recién casados». Después no quisieron tener más porque ella no quería dejar de ejercer la docencia. En la actualidad se acompañan, charlan y viven juntos como el primer día .
«Cada etapa de la vida tiene sus características y y para mi fueron todas felices, antes salía a bailar y viajaba, hoy ya no me dan las piernas…»
Nélida, alias Beba.
En cuanto a su profesión, recuerda que: “Siempre di en primer grado, a niños de 6 años. Me gustaba muchísimo. Yo, una completa desconocida a principio de año de niños que era la primera vez que iban a clases, porque en ese entonces no existía el jardín, para fin de año era como una segunda mamá. Les enseñaba a leer, escribir, los números, y tantas cosas. A la salida me buscaban, agarraban y abrazaban entre todos. Era tanto el cariño de los chicos que me rodeaban y me llevaban para un lado y después para el otro. Siempre me veían mis compañeras y decían, entre risas, que tenga cuidado porque me iban a terminar encontrando tirada en el piso de la galería. Son recuerdos muy lindos».
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También cuenta que incluso una vez le planteó al director de la escuela si no podía cambiar de grado porque le gustaba, pero quería variar, y le respondió que no “porque no iba a encontrar otra maestra con el mismo “feeling”, con tanto carisma y tanto cariño hacia los nenes”. Aún recuerda que enseñaba con todas las frases clásicas como “mi mamá me ama” “el oso mimoso” que hoy en día todos conocen. También que daba Matemática, Lengua y «Desenvolvimiento», una materia con temas que ahora se estudian en Ciencias Sociales y Naturales.
Ya de chica jugaba a la maestra con sus amigas, y en su casa había una puerta que usaba de pizarrón. Les decía a sus “alumnitas”: “No tienen que faltar, porque se van a atrasar” incluso hasta les daba deberes. Confiesa que jamás se le ocurrió dedicarse a otra cosa, ni pensarlo. Ya de grande siguió los pasos de su vocación infantil y llegó a ser vicedirectora durante muchos años, hasta jubilarse.
“Cuando dejé la escuela extrañé muchísimo porque me gustaba de alma mi trabajo, me había arrepentido de irme y estaba acongojada, pensaba que si me aceptaban de vuelta volvía.”
Beba.
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Beba cuenta que Río Colorado, que en ese momento estaba catalogado como pueblo y no como ciudad, era como una familia enorme para ella. Los ex-alumnitos y sus familias le llevaban flores, verduras, juguetes, cosas de papel, y todo tipo de regalitos a su casa durante todo el año, por el cariño que le tenían. “Esas cosas me llenaban el alma, los nenes son tan buenos y todo lo que decían me lo decían con todo el corazón. Porque no mienten a esa edad, cuando son más grandes son más vivarachos y pícaros pero a los 6 años son totalmente transparentes” cuenta a punto de dejar caer las lágrimas de emoción.
Con respecto a su vida actual dice que “Yo estoy muy contenta acá, porque todos son muy buenos, me gusta todo, me gusta la calle, me gusta salir al patio, me gusta como es la gente, son muy amables y una puede sentirse como si fuera su amiga de toda la vida. Cada etapa de la vida tiene sus características y y para mi fueron todas felices, antes salía a bailar y viajaba, hoy ya no me dan las piernas para eso así que vivo tranquila y en paz sabiendo que no molesto a mis hijos conviviendo con ellos . De acá no nos saca nadie”.
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*Por Melina Vivalda y Ana Lía Fite.
El Hogar de Ancianos funciona desde el año 1911 en Santa Rosa. Hoy es la casa de 25 abuelas y abuelos que encuentran en él un lugar de cuidados, con quien compartir sus días, aprender cosas nuevas y sentirse como en casa. Es importante la ayuda de toda la comunidad que lo apoya con su cuota de socio, con donaciones y con proyectos solidarios. Si quiere ser socio del hogar acercate a Don Bosco 13, o contactarse a través de Facebooke Instagram @Hogardeancianossantarosa
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