Hasta España llegó su fama de hombre récord, ejemplo de dignidad, trabajo y dedicación por una pasión por más de 8 décadas. Lo acaban de elegir en el Consejo de la Orden de Santiago de Compostela para entregarle la Medalla conmemorativa y el Pañuelo de Peregrino de la Orden.
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Una distinción que en la Madre Patria tiene un sentido especial a partir de la connotación religiosa de un templo místico con trascendencia mundial. Por tal motivo, con toda la pompa de una ceremonia tan significativa, el próximo sábado 29 de agosto a las 19.30h en la Iglesia Catedral de Santa Rosa le será entregada la meritoria distinción por el Embajador Comendador de la Órden del Camino del Reino de España, Hugo Fernández Zamponi. Se ha invitado especialmente a sus compañeros del atletismo y vecinos en general a participar de la impactante ceremonia porque el protagonista bien lo merece.


¿Quién es Ernesto Galván?
Aquel lejano 19 de abril de 1937 en un pueblo casi perdido en la inmensidad de las pampas argentinas, el hogar de los Galván, humildes trabajadores del campo, se vio muy alegrado con la llegada de su primogénito a quién llamaron Ernesto con la esperanza de todo padre de contar con un hijo bueno y sano, trabajador y honesto. Pero como suele acontecer, nunca habrán soñado con el futuro de buenos valores que aquel niño desarrollaría en su vida.
La Escuela y las tareas del campo fueron de entrada su mundo conocido de todos los días. Los juegos y deportes con sus niños amigos eran cosas comunes de todos los días. Hasta que una vez, y vaya uno a saber por qué designios de la vida, una bicicleta le llamó poderosamente la atención a tal punto de comenzar a soñar con correr.
Pero las tareas del campo siempre estaban en la agenda del día y hasta parecía que ese destino le esperaba a aquel pibe que venía creciendo y soñando un futuro como todos.
El deporte ya es realidad
Mientras las ocupaciones del campo se lo permiten el joven de Villegas comienza a tomar en serio esta nueva actividad deportiva que significaba el deporte de las dos ruedas. Y comenzaron a llegar los primeros triunfos en su pueblo que lo animaron a ampliar fronteras y llegar a General Pico, donde los buenos resultados lo alentaban a seguir avanzando.
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No tardó mucho entonces para comenzar a competir en Santa Rosa y mezclarse a pedalear con los mejores. El tiempo fue pasando inexorablemente, algunos golpes, el rigor de los entrenamientos y una vida de trabajo y familia hicieron que aquel hombre de a caballo desensillara, se bajara de la bici y pensara en otro futuro.

El atletismo como bálsamo
Y justamente el atletismo se le cruzó en la esquina con semáforo verde, para avanzar sin parar siguiendo la onda verde de la vida. Y fueron muchas carreras, tanto sacrificio y dedicación para lograr cantidad de triunfos que lo fueron entonando para saber que eso sí era lo suyo para cultivar su espíritu y brindar ejemplo de vida y esperanza.
Un hombre a su edad, lanzado a correr, quemar etapas, saltar categorías y cada día ir por más, con una gran cuota de humildad, atención, simpatía, respeto y consideración por el otro, lo catapultaron al grupo de los especiales a los que nadie les regala nada, al contrario, se lo ganan día a día en buena ley.
Y Ernesto Galván fue reiterado campeón en distintas especialidades y distancias a todo nivel. Supo agitar la celeste y blanca cuando fue campeón Mundial en España, Campeón Sudamericano en más de una ocasión y ni hablar de sus triunfos en Argentina.
Dicen que nadie es profeta en su tierra y será cierto, pero que hay gente de muchos valores importantes para brindar al mundo y mejorarlo en cada terruño no hay ninguna duda. Y por consiguiente, siempre tendrán el reconocimiento permanente de quienes damos fe de esa vida austera, llena de ejemplos valiosos para las generaciones posteriores. Un canto a la vida y la esperanza.
Quien alguna vez como yo, tuvo el placer de ver los trofeos de Ernesto Galván amontonados, sin espacio para lucirlos cómodamente, seguro que salió completamente asombrado al comprobar que un solo hombre haya podido lograr tantos triunfos.

También el veterano atleta ha recibido una innumerable cantidad de distinciones y reconocimientos, hace poco del vice gobernador de la Provincia y ahora ésta de España. Estos reconocimientos en un hombre como Galván, lejos de tentarlo a agradecerlos desde un cómodo lugar de suficiencia, por el contrario, lo comprometen mucho más para ser digno destinatario de los mismos y ello es un valor importantísimo.
Por eso es un honor escribir sobre este joven de 86 años – porque el espíritu no envejece- que arrancó siendo de a caballo en las pampas, que corrió muy fuerte en bici y cuando ya muchos piensan en un descanso del músculo, él y su alma se echaron a correr. Devoró distancias. Anduvo por terrenos hostiles, hizo sacrificios, vivió por una pasión y tuvo siempre tiempo de volver para agradecer, por puro, limpio y honesto que es.
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Aunque Ernesto Galván, el paisano de Villegas, más pampeano que el Caldén, no le debe nada a nadie (en tal caso a su amada familia por alentarlo) porque todo lo ganó en buena ley, por su limpia manera de caminar por la vida. Por eso la abundante cosecha de distinciones. Y está muy bien.
Juan Carlos Carassay, locutor y periodista. Más de 50 años de pasión por la comunicación y el deporte. juancarloscarassay@gmail.com
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