La ambivalente situación económica de la Argentina, ya hace largos años, obligó a muchas personas a reinventarse y a redescubrir rubros diferentes a los que se habían dedicado toda su vida. Hay quienes apostaron por seguir caminos más convencionales y hay quienes hallaron una vocación, y, en algunas oportunidades, una pasión.
Así es la historia de Héctor Alejandro Sánchez (58), oriundo de Santa Rosa, comerciante toda su vida. Desde el año 2012 pasó a ser un hombre despojado, a vivir alejado de la ciudad, en un campo alquilado al cuidado de caballos ajenos e incursionando en el mundo del trabajo en suela -con su marca propia- «Riendas Western» . «No necesito más que esto para vivir», menciona en diálogo con #LPN.

El campo Los Cardales, muy cerca de Santa Rosa, funciona como una pensión para caballos. Héctor se dedica al cuidado de estos animales y está en todos los detalles; prioriza que se alimenten con lo mejor, por eso también siembra alfalfa, las instalaciones son de primer nivel, el alambrado es eléctrico, por lo que no corren el riesgo de lastimarse, los caballos están sueltos en el campo ya que Héctor cuenta con el espacio físico adecuado. Los clientes están tranquilos porque es un lugar seguro en donde la prioridad siempre es tener al caballo en las mejores condiciones posibles.
Recreación. Lo que sucede en Los Cardales puede ser un ejemplo de los efectos colaterales por hacer bien tu trabajo. «Los fines de semana viene todos los dueños de los caballos con sus familias a hacer asados y mateadas, trajeron una cama elástica, bicicletas, aros de básquet para los chicos» cuenta Héctor. Además hace énfasis en que muchos usan estas reuniones y este lugar inmerso en la naturaleza como un espacio de «terapia». «Se olvidan de sus problemas», dijo.
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Riendas Western -una marca propia-
A raíz de la pandemia, del silencio, del encierro y un poco del aburrimiento, Héctor empezó a incursionar en el mundo del trabajo en cuero. El conocimiento y aprendizaje dijo que fue «solo maña y práctica». «Lo que es en suela es práctico, no lleva trabajo artesanal criollo. Lleva hebilla americana, la western, los apliques, adornos y va todo con tornillos y remaches. Empecé a hacer de a poco y gustó mucho. Me entusiasmé porque a la gente verdaderamente le gusta y me felicita».
Héctor se está animando a hacer cada vez más cosas. Ahora está en proceso de unas materas de cuero y un faldón en cuero celeste -soñado para quien entiende y le gusta el mundo de los caballos- . Nos mostró su taller, en donde tiene todos los productos que están a la venta -riendas, punteras, cabezadas, cinturones, pulseras, entre otras cosas más.
En los Cardales se dedican a la raza de caballos cuarto de milla -de Estados Unidos- y allí se usa todo lo que es suela y cuero para la montura del animal. «La actividad es muy particular, en Santa Rosa se usa muy poco este estilo, me compran desde la provincia de Santa Fe, Buenos Aires, Neuquén y tengo un cliente que es de Brasil, y me dice que no tengo nada que envidiarles a los productos de su país. En la Argentina no se trabaja el cuero con estilo americano».

Derecha: portante para espuelas, cabezada y riendas. Izquierda: matera.
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Vivir despojado. «En el campo encontré una tranquilidad extra. Eso si, tenés que limitarte a vivir de una manera. No tenés gas, no tenés luz, no tenés agua corriente, recién este año puse pantallas solares, es otro modo de vida, pero se puede vivir» mencionó Héctor respecto a su estilo de vida, que, igualmente, aclara que «es distinto si tenés una familia».
¿Y el silencio? «Hay que acostumbrarse a escucharlo» dijo Héctor mientras miraba orgulloso su campo y los caballos. La ciudad lo «abruma» dice, el ruido lo «aturde», enseguida quiere volver a la tranquilidad de su campo.

El origen. Todo empezó porque por el 2012, el entrevistado compró un caballo y no tenía un lugar para dejarlo. Entonces se ocupó de buscar un lugar apto y en condiciones para el animal, pero no obtuvo buenos resultados. «Me di cuenta que hacía falta algo especial, con más cuidado, sobre todo en cuánto instalaciones» recuerda. Por estemotivo, consiguió el campo que hoy alquila con el objetivo de tener en un lugar seguro su caballo y así fue que empezó a tomar caballos de terceros, » el negocio sucedió gracias al boca a boca», dice.
«Me hubiese gustado haber empezado con todo esto a los 20 años» reflexiona el entrevistado. Hoy, al tener 58 años Héctor toma ciertas precauciones en cuánto a lo físico sobre todo. «Me hubiese gustado hacer otras actividades con los caballos, como amansarlos, montar un potro, entre otras cosas, pero a mi edad prefiero estar tranquilo porque ya las he pasado», dice.
Conexión. «A los caballos hay que entenderlos, y para eso es necesario observarlos». Dice que tienen un lenguaje propio y formas de vivir distintas que los perros, por ejemplo», ambos animales, conocidos como los mejores amigos del hombre. Héctor dice que el caballo te acepta como líder o como parte de ellos cuando empieza la etapa llamada «sumisión», el momento exacto cuando el animal empieza a «simular estar masticando».
Héctor, el campo, los caballos y el taller de «Riendas Western», son un ejemplo de vocación y disfrute.
Teléfono de contacto: 2954 523984
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