Florencia Lippoli (37) a los 17 años se fue a vivir a Buenos Aires para estudiar gastronomía en Instituto Argentino de Gastronomía (IAG). Terminó la carrera y le propusieron trabajar ahí. Después de cuatro años quiso irse para ver cómo era trabajar en una cocina real. Trabajó en restaurantes de diferentes barrios como: Cañitas, San Telmo y Palermo, entre otros. En 2012 volvió a Santa Rosa y con mucha insistencia y perseverancia inició lo que hoy es su sueño hecho realidad: Comer con Palitos.
El último local lo abrió hace un mes, es céntrico y excéntrico. Desde afuera, los ventanales y el cartel luminoso con el nombre del emprendimiento invitan a los transeúntes a querer entrar. La decoración está inspirada en la cultura oriental, hay paraguas colgados en el techo que parecen flotar en el aire, incorpóreos y livianos. El lugar es elegante y familiar.
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“Un día estábamos festejando el 25° aniversario de mis papás, Alicia y Juan, entonces mi abuela Emilia me prestó $400 para comprar algas y salmón. Hice sushi porque nadie en la familia lo había probado nunca. Les gustó y de ahí surgió hacer un emprendimiento para venderlo. Mi hermano Santiago y mi primo Matías me ayudaron a hacer el Instagram, a hacer sorteos para ganar seguidores y estar presente en las redes”.
Florencia Lippoli

Los primeros dos años costaron “un montón”. Empezó con un delivery muy limitado y no fue hasta el tercer año que el negocio pudo despegar. Florencia hacía el sushi y como no sabía manejar lo repartía con su papá. En ese momento inicial quedó embarazada y a los 6 meses tuvo que hacer reposo. Recuerda que su papá para darle una mano empezó a ver como se hacía el arroz y practicar como enrolarlo. En ese momento su papá no tenía trabajo y aprovechó ese tiempo para ayudar a su hija.
“Así estuvimos trabajando por unos cuatro años, ahí también se sumó mi hermano y un ayudante. En un momento él se pone de novio con Rocío. Mi cuñada es clave en la historia del local: con ella empecé a delegar tareas. Ella se encargaba de los pedidos y del teléfono. También empezó a entrar más gente a trabajar con nosotros. Pudimos abrir un kiosco de sushi en Toay para romper el esquema de tener solamente pedidos con anticipación. Desde ahí las personas podían pasar y comprar en el momento lo que quisieran. Toda la comida se hace en el día y se vende antes de que cierre el local, así que fue una apuesta enorme”.
Florencia Lippoli

“Estaba extremadamente nerviosa cuando abrimos ese local, hace dos años. Esa noche no dormí. Nunca había tenido un negocio, no sabía ni cómo funcionaba un posnet. Hay fotos de ese día y tenía una cara de preocupada que no se puede creer”.
Florencia Lippoli
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A medida que fueron trabajando y ahorrando quisieron armar un segundo local en General Pico. El formato fue el mismo: un punto de venta en el que se puede pedir con anticipación o ir al lugar a comprar en el momento. Florencia reflexiona que estuvo más tranquila cuando alquiló el local, pero el día de la apertura también estuvo con los nervios a flor de piel porque “esa vez jugábamos de visitantes”.

“A los meses de abrir en Pico mi hermano me dijo que había que trabajar y vender un poco más acá en Santa Rosa y Toay. Estábamos quedándonos cortos con la venta: los pedidos con anticipación ya no funcionaban como antes. Fue cerrar una etapa y abrir una nueva y para nuestro 10° aniversario decidimos poner un punto de venta en Santa Rosa”.
Florencia Lippoli
Para encarar el nuevo proyecto decidieron pedir un préstamo y finalmente lo aceptaron, pero demoraron varios meses en llegar los fondos así que al final Florencia decidió no tomarlo. Aclaró que fue porque “la plata meses después no valía lo mismo, la tasa de interés era muy alta y cuando llegó la noticia hacía una semana que habíamos abierto el local. Era un pendiente que teníamos desde el primer día, abrir un local en la capital de la provincia, en mi ciudad natal. Y fue todo realmente a pulmón, en los tres locales, muy cuesta arriba. Lo que se juntó en los diez años se volcó siempre a inversiones del emprendimiento, en este momento ni siquiera tengo casa propia. Todo lo que se junta va a Comer con Palitos”.

En los tres puntos de venta, al igual que en redes sociales o WhatsApp, brindan asesoramiento sobre todos los tipos de comida disponibles: hay salmón crudo, también roles cocidos, hay comida agridulce y los «poke» no tienen algas, ya que mantienen un formato de ensaladas, las tres características más tradicionales de la comida japonesa. También hay opciones vegetarianas, veganas y sin TACC.
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“Es una lucha diaria, pero estoy feliz de haber llegado acá. Es muy reconfortante que vengan a comprarme personas que conozco hace 10 años y siguen apostando al sushi de Comer con Palitos”.
Florencia Lippoli
Se puede ver el menú y precios en su página web
El local de Santa Rosa está en Av. San Martín esquina Urquiza, y en Instagram como @comerconpalitos. Pedidos y reservas al 2954 30 57 66.
En Toay, Sáenz Peña 1255 02954 836130 (fijo) o al 2954 852200 por WhatsApp. Y en Instagram como @comerconpalitossushipoke
En General Pico, Calle 15 e/24 y en Instagram @comerconpalitos_gp
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