Tila espacio creativo, alguna vez fue un local chiquitito, pero ya no. Ahora es un local enorme, muy iluminado y colorido sobre la calle Alvear. La vidriera es una invitación para que cualquiera que pase caminando, en bici o en auto, gire la cabeza, mire de reojo y le den ganas de entrar.
Cuando se abre la puerta de Tila siempre se escucha un “hola” agudo, alegre y amistoso. A veces se escucha bien cerquita, otras veces llega como un eco desde el fondo. Ese “hola” es de Andrea, siempre atenta, siempre alegre y en movimiento por el salón con un tejido entre manos.
Leé también ¿Te gustaría que contemos tu historia? Llegó Emprendedores #EdiciónVerano
El salón es un espacio enorme, repleto de estantes y canastos cargados de hilos, lanas, rafia, yute, libros, tejidos, amigurumis, más lana, plantas, flores y adornos, una ovilladora, una mesa gigante y muchas sillas en las que las mujeres se sientan a charlar y a tejer.
Es una especie de comunidad terapéutica en el que todas las personas que se acercan a los talleres comparten sus tejidos, reciben sugerencias, comparten sus vidas, un té y algo rico para comer.
Más allá de este enorme espacio de calma se encuentra Andrea Ramírez. A ella siempre le gustó tejer y tenía una necesidad muy grande de poder vivir de su pasión que es una mezcla entre el tejido y las lanas.

“Siempre me gustó tejer, siempre, siempre. Tejo desde chica. Prefiero el crochet por sobre las dos agujas. Las mujeres de mi familia me enseñaron sobre el tejido. Las mujeres de mi familia pintan sobre tela, cosen, bordan, tejen, cocinan, mujeres referentes de las manualidades”.
Andrea
Andrea, de a poco, se fue encaminando con el tejido. No tuvo una referente puntual, sino que tuvo un gran entorno que la hizo desarrollar este lado creativo. De adolescente tejía y tejía, le encantaba, era su hobby, aunque lo hacía sin saber bien de qué se trataba.
Cuando Andrea quedó embarazada de Sofi, su primera hija, durante el embarazo sintió una fuerte necesidad de profesionalizar lo que hacía. Esta sensación se fue haciendo cada vez más fuerte, mientras llevaba una vida en la que estudiaba y se capacitaba en otra carrera.
Empezó a tomar clases de crochet para perfeccionar lo que ya sabía y se capacitó en “un taller hermoso, muy chiquito, de una mujer hermosa, que me enseñó a darle forma a todo lo que sabía y me enseñó a incorporar nuevos conocimientos del tejido”.

La vida de Andrea avanzaba, su profesión también y el tejido la acompañaba como un hobby, como un espacio de reflexión, de calma, que la acompañaba en los distintos procesos de su vida.
Leé también Actividades, festivales y carnavales en La Pampa
Pero en 2018 Andrea volvía caminando a su casa, volvía del trabajo y no era feliz. Tenía una relación laboral estable, pero no sentía ninguna motivación ni alegría en su vida profesional. “Me acuerdo de que volvía caminando y digo “quiero hacer algo que a mí me haga feliz, que me llene de otra manera y ¿qué puedo hacer?”.
“Me hice esta pregunta y dije en seguida dije “me encantaría enseñar a tejer”. Mi principal duda era si la otra persona me iba a entender, si yo iba a poder explicar un punto, porque nunca le había enseñado a nadie, solo tejía para mí. Llego a casa y le cuento esto a Manu lo que me estaba pasando, que quería algo distinto, que había pensado en dar clases de tejido en la cocina. Y Manu me dice “sí, lo hacemos, pero no lo vamos a hacer en la cocina, vamos a ordenar el garaje y lo preparamos para que sea tu taller”.
Andrea
Andrea se sentía muy feliz y agradecida. Su compañero nunca dudó y siempre tuvo mucha confianza en el talento de su esposa. “Fue hermoso, preparamos el garage, lo pintamos, le pusimos luces y empecé a dar clases con dos alumnas: la chica que limpiaba en casa y una amiga. Solo dos personas muy cercanas y que estaban muy conectadas conmigo”. El 5 de agosto del 2018, Andrea dio su primera clase.

“La primera clase estuvo buena, con estas dos personas que fueron mis dos primeras alumnas había familiaridad y yo me sentí muy cómoda. Fue maravilloso. Expliqué cómo se iniciaban las primeras puntadas de un tejido y me entendieron, no solo me entendieron, sino que yo vi que podía ir un poquito más allá con mi explicación. Lo que transmitía era hermoso. Y lo más hermoso es cuando una persona llega al taller, no tiene ni idea cómo agarrar la aguja y se va en su primera clase haciendo cadenas o un segundo punto, es un gran logro”.
Andrea
Con el tiempo Andrea empezó a dar cada vez más clases, fue sumando días y horarios. Lo que siguió fue entender que los grupos humanos necesitan una guía, un líder, alguien que organice. “Creo que mis desafíos más grandes fue cómo trabajar con grupos, cómo coordinar y que todos tengan espacio para descargar sus dudas”.
Otro de los desafíos a los que se tuvo que enfrentar fue el hecho de dar clases en su casa donde vivía con su familia. “Tenía que salir de ahí. Si yo quería crecer y quería materializar el éxito que estaba teniendo y plasmarlo en el tiempo a un proyecto a largo plazo, tenía que salir de mi casa. Y así fue que nuevamente mi familia me apoyó y buscamos un localcito y lo armamos. Al principio no había venta de insumos. La prioridad era el taller”.
“La venta de insumos era algo que me encantaba. Siempre lo había querido incorporar. Me pierdo en las laneras, puedo estar horas eligiendo hilados y no me preocupa ni una cartera ni un zapato. Las lanas y las plantas me gustan mucho. Esas dos cosas son mi perdición”.
Andrea
Leé también Las piletas de La Pampa
Así fue como surgió Tila, porque Andrea quería más, quería ofrecer sus talleres y que las personas que participaban de sus clases tuvieran todo lo que necesitaban a su alcance y que cuando terminara la jornada, que se vayan felices.
“Doy todo lo que tengo para ofrecer y espero que la gente se vaya contenta, que reciba una buena atención. Ese es mi objetivo: brindar un buen servicio, ese es mi ideal. Por eso pensamos en este local, queríamos expandirnos y sumar la venta. Además de que me gusta mucho el rubro”.
Andrea
El objetivo de Andrea es diferenciarse, es traer un material que no se consigue en el resto de la provincia y dar talleres en los que se enseñe el arte de tejer, ese es el sello de Tila, es un negocio muy distinto en La Pampa.

“Este espacio nace inspirado en un espacio de una tejedora de España. Ella tenía, porque con la pandemia tuvo que cerrar, un café lanar con ventas de insumos y talleres. Un lugar hermoso. Tila nace inspirado en eso. Mixear las dos actividades, la venta y el taller, es maravilloso. No hay un lugar en Santa Rosa como este”.
Andrea
“Tejer me genera cosas hermosas”, dice Andrea. “He tejido llorando y triste, pero el tejido me conecta más con algo placentero, meditativo y de conexión con mi interior. Tejer es encontrar mi ser creativo, mi interior creativo. Me encanta eso. La conexión de mi momento, mis manos, mi tejido, me conecta con la vida. Tejer es un lugar de conexión”.
Está convencida de que este espacio es sumamente necesario. En la actualidad no se teje como antes: “Hoy para mí se teje por una necesidad individual de las personas de conectar con algo distinto a lo que tenemos en el entorno. Hay mucho estrés, trabajo y problemas personales. Son miles de cosas las que giran alrededor y el tejido te conecta con algo puntual. Con el aquí y el ahora, yo lo siento así”.
Leé también «Ya era emprendedora, pero no lo sabía»
Andrea y Manu tienen otros proyectos, están encarando una casa de campo, en un monte de caldenes, repleta de flores, en el medio del campo y el tejido. Les encantaría ofrecer servicios en un galpón enorme, enorme, disponible para talleres, reuniones y eventos, todo en un mismo lote. Pero eso será para más adelante. Mientras tanto, sigue abriendo las puertas de Tila para contagiar creatividad.

Información de contacto: Andrea Ramírez, Instagram @tilaespaciocreativo. Talleres de tejido y bordado. Insumos para tejer y prendas tejidas. Alvear 664, Santa Rosa, La Pampa.
*****
Este contenido es posible gracias al apoyo de nuestros lectores y auspiciantes. Compartí esta nota, opiná, y publicitá en nuestra web, para promover un periodismo distinto en la región: Contacto y Publicidad